Lo que se busca es lograr una efectiva y eficiente reunión
de esfuerzos y la concentración de recursos organizativos,
técnicos y materiales para que la pesca submarina
en la Mosquitia Hondureña reúna los estándares
de seguridad ocupacional y se realice en armonía
con el ambiente.
“Nos preocupa muchísimo la actividad de
los buzos que carecen realmente de las condiciones mínimas
de seguridad para ejercer esta actividad y hay alrededor
de 500 de ellos que han sufrido accidentes graves por
esa situación”, dijo el Secretario de Gobernación
y Justicia, Jorge Ramón Hernández Alcerro.
En
el seminario taller participaron funcionarios de los
Ministerios de Gobernación, Trabajo, Salud, Agricultura
y Recursos Naturales para tratar de encontrar una solución
integral al problema de los buzos lisiados de La Mosquitia.
También se hicieron presentes los propietarios
de las embarcaciones pesqueras en quienes buscan hacer
conciencia sobre su responsabilidad con relación
a las condiciones de seguridad de los trabajadores que
ejercen el trabajo de buceo.
Hernández
Alcerro dijo que evidentemente hay un problema de regulación
de las condiciones de trabajo de los buzos por lo que
es urgente la intervención de las autoridades
de la Secretaría de Trabajo.
También existe un problema de salud que tiene
que ver con las consecuencias para la salud de los buzos
que no ejercen su profesión en las condiciones
debidas y hay responsabilidad de las instituciones que
autorizan la pesca y de los propietarios de las embarcaciones.
Las historias de los buzos lisiados se repiten una y
otra vez, tal es el caso de Adrián Paton, un
misquito que durante algún tiempo trabajó
en la pesca de langosta, pero que hace seis años
el buceo le pasó la factura y hoy se encuentra
postrado en una cama.
Paton recibió una indemnización de 35
mil lempiras, pero tiene una familia de nueve hijos
que a simple vista presentan síntomas de destrucción
porque ahora no les puede ni suministrar los alimentos
básicos.
La situación de Paton es similar a la de unos
500 buzos que viven en La Mosquitia hondureña
donde muchas personas resultan afectadas al final de
cada temporada de pesca de langosta convirtiéndose
en una carga para sus familias.
En Honduras la pesca de la langosta se hace de 2 formas:
artesanal con nasas o industrial con barcos langosteros
abastecidos por un promedio de 30 cayucos de donde se
capturan las langostas por buzos equipados con tanques
de aire.
Los misquitos dedicados a la pesca de langosta ven reducida
su vida útil a 30 años debido a que esa
actividad les provoca una enfermedad conocida como descompresión
que los deja parapléjicos para toda su vida.
Los
buzos están sometidos a numerosas variaciones
de presiones bajando del cayuco al fondo del mar. La
subida se debe hacer con estaciones respetando niveles
y tiempo para evitar accidentes de dos tipos: mecánico
o químico.
La diferencia brusca de presión puede provocar
el estallido de los tímpanos (sordera), y cuando
las lesiones se presentan en los pulmones, esa diferencia
de presión sencillamente resulta mortal.
La descompresión demasiado rápida no permite
al aire diluido en la sangre escaparse a través
de la respiración. El exceso de nitrógeno
se acumula en burbujas alrededor del sistema nervioso,
provocando lesiones severas particularmente graves cuando
se trata de la medula y del cerebro
Los síntomas de primer tipo son erupciones de
la piel, dolor en las coyunturas, dolores de cabeza
y mareos. La Narcosis de Nitrógeno produce sentimientos
de euforia y bienestar o alterna entre sentimientos
de enajenamiento y miedo intenso. Algunos de ellos podrían
confundirse con el cansancio o los efectos por el uso
de alcohol o drogas.
Las lesiones mas severas de la medula pueden provocar
brazos paralizados, piernas paralizadas, problemas para
orinar, excretar. Las lesiones del cerebro son menos
visibles, pero pueden deteriorar cualquier función
cerebral.
Con un tratamiento en una cámara hiperbarica
se puede recuperar con un pronóstico favorable
en las primeras 72 horas después del accidente.
Sin embargo por razones económicas los botes
langosteros se quedan en la zona de pesca el tiempo
que dura en llenarse y aunque existan casos de accidentes
no se trasladan al puerto para socorrer a los buzos
afectados.
Según la Asociación Misquita Hondureña
Buzos Lisiados (AMHBLI), actualmente se registra un
número de 500 buzos lisiados y lo más
lamentable es que cada año la temporada de pesca
de langosta deja nuevos buzos afectados.
La probabilidad de que una persona dedicada a bucear
langosta durante 20 años pueda quedar lisiada
es de un 90 por ciento, por lo que el promedio de vida
de un buzo oscila entre 30 y 40 años.
Cuando el barco esta lleno, después de 12 a 15
días en alta mar, regresa al puerto para vender
el producto a una empacadora ubicada en Puerto Lempiras
que exporta el 95% de la producción.
Según cifras de la Dirección General de
Pesca del Ministerio de Agricultura y Ganadería
los barcos langosteros capturan un promedio de dos millones
de libras de langosta, cuya exportación genera
alrededor de 29 millones de dólares anuales.
Esa actividad económica genera empleo para 1,700
ciudadanos misquitos entre buzos y cayuqueros que perciben
un ingreso promedio de 54 mil lempiras por temporada
de pesca que va de agosto a marzo de cada año,
además de 2,000 empleos indirectos para otros
habitantes de la zona. Ante esa situación, el
gobierno gestiona fondos ante el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) para ejecutar un programa de desarrollo
integral en La Mosquitia que abrirá nuevas oportunidades
para los habitantes de esa región. “Esperamos
poder contribuir a crear, sobretodo, oportunidades de
trabajo a través de ese programa, pero nos llevará
todavía un tiempo la negociación que hemos
iniciado con el BID hasta lograr la aprobación
del financiamiento solicitado”, indicó
el Secretario de Gobernación y Justicia.
Subir
|