Presidente Maduro propone arbitraje para resolver conflicto magisterial

Martes 29 de junio de 2004

Someter el conflicto que mantiene paralizado al sistema educativo nacional a un arbitraje que defina si el Estado tiene capacidad financiera o no, para satisfacer las demandas de los colegios magisteriales, sin que ello afecte la masa salarial en forma sostenible a largo plazo y sin necesidad de recurrir a nuevos impuestos, propuso esta noche el Presidente Ricardo Maduro, al gremio de los docentes.

El Presidente Maduro condicionó el arbitraje a que los maestros regresen a clases.


La propuesta fue formulada por el mandatario ante un nutrido grupo de representantes de los diversos sectores que conforman la sociedad hondureña y que fuera transmitida a través de una cadena nacional de radio y televisión.

Por su importancia a continuación la reproducción textual del mensaje pronunciado por el gobernante.

Compatriotas:

Otra vez el país vive un momento difícil en cuanto a las demandas magisteriales.

Nuestra paz y tranquilidad se ve amenazada por unos pocos hondureños que están convencidos que nuestros problemas deben resolverse en la calle.

En una democracia los desacuerdos se expresan mediante un sistema institucional y jurídico que todos estamos en la obligación de respetar.

La convivencia social resulta imposible si unos pocos logran imponerse sobre el interés de la mayoría.

Esta es la diferencia fundamental entre una democracia madura y consolidada en la cual las diferencias se resuelven institucional y jurídicamente y aquellas otras democracia incipientes en las que ciertos ciudadanos se resisten a resolver las naturales contradicciones de una sociedad por la vía del entendimiento.

Cuando asumí la Presidencia de la República encontré cuatro enormes retos:

  • La inseguridad que nos agobiaba a todos;
  • El desequilibrio de las finanzas públicas;
  • La recuperación de nuestra economía; y
  • La urgencia de reformas institucionales.

Tomé la responsabilidad de buscar una solución a estos problemas sin culpar a nadie y sin reparar en el costo político personal.

La Nación estaba enferma y había que curarla. Para eso me eligió el Pueblo hondureño.

Conducir un país en época de paz, con bonanza e instituciones desarrolladas debe ser agradable. Hacerlo a partir de una situación de inseguridad, de pobreza, de inactividad económica y debilidad institucional requiere de un esfuerzo especial.

Los progresos en materia seguridad están a la vista. Nadie puede negar, que en buena medida, hemos logrado recuperar la seguridad que habíamos perdido.

En cuanto a las finanzas públicas, revertimos las tendencias hacia la desestabilización de nuestra economía y logramos firmar un Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Este acuerdo nos posibilitó la readecuación de nuestra deuda bilateral en el Club de Paris, un mayor financiamiento de proyectos de desarrollo por el BID y el Banco Mundial y un respaldo financiero importante por parte del Grupo Consultivo. Nos permitió además tener acceso a la ayuda especial de Estados Unidos por medio de la Cuenta del Milenio y nos pone en ruta para lograr el año entrante la condonación de US $1,000 millones de nuestra deuda multilateral y bilateral.

Los avances en seguridad y en las finanzas públicas, han creado el marco adecuado para el inicio de la reactivación económica.
Juntos hemos recuperado el sector maquila con más de 22,000 nuevos empleos.

Juntos hemos logrado que el turismo crezca a un ritmo de 20% anual, el más alto crecimiento en América Latina.
Juntos hemos logrado recuperar el sector agroindustrial con tres años de buenas cosechas de granos básicos y mejores precios de la palma africana y el café.

Hoy somos el país de más producción cafetera en Centroamérica, a la par de Guatemala y los cultivos no tradicionales de exportación se encuentran todos en vigoroso aumento, verduras, melones, camarón cultivado, chile jalapeño.

Orgullosamente, juntos hemos convertido a Honduras en el primer país exportador de pescado tilapia fresca a los Estados Unidos.

En el campo institucional, hemos reformado la forma de escoger los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia para darles una mayor independencia.

Hemos separado el Registro Nacional de las Personas del Tribunal Nacional de Elecciones para darle al primero autonomía técnica y administrativa.

Vamos a elegir nuestros Diputados con la fotografía para respetar el derecho de los ciudadanos a una verdadera elección de sus representantes en el Congreso Nacional.

Hemos iniciado acciones contra 80 personas imputadas por las quiebras de bancos que se dieron entre 1995 y el 2001. Hay cuatro personas en la cárcel y otras cuatro esperando su extradición.
Hemos creado el Tribunal Superior de Cuentas.

Encargamos a una firma auditora internacional el control de las compras del Estado.

Delegamos muchas licitaciones en el Sistema de las Naciones Unidas para evitar la corrupción.

Somos el único país en América Latina a eliminar la inmunidad de los funcionarios públicos.

  • Merienda escolar
  • Medicinas
  • Títulos de Propiedad
  • Telefonía y Energía

Al hacer el recuento, es evidente que en dos años y medio hemos logrado mucho.

Hemos cambiado muchas cosas.

También es evidente que no hemos logrado hacer todo lo que hay por hacer.

Sin embargo hemos demostrado que los hondureños somos capaces de producir cambios en paz y libertad.

Que no tenemos que desgarrarnos entre nosotros para alcanzar mayor seguridad, mayor estabilidad financiera, más producción y reforma institucional.

El avance de una Nación es un proceso histórico.

Las transformaciones en paz se hacen de manera gradual y progresiva.

Sin romper la convivencia social. Dentro del marco jurídico e institucional del sistema que hemos escogido como propio: la democracia.

Creo que es válido preguntarse ¿por qué si se han hecho avances significativos en todos esos campos, vivimos hoy momentos de desasosiego?

¿Por qué las diferencias aparentemente irreconciliables frente a ciertos grupos e intereses particulares?

Sepamos que otros países han vivido momentos iguales a los que en la actualidad sufre Honduras.

La España de los años treinta se encontraba fraccionada, o en las sabias palabras de Ortega y Gasset, “invertebrada”. Es decir un país que había caído en extremos de egoísmo, donde grupos particulares de una sociedad dejan de sentirse parte de la misma. O como él bien decía: grupos a quienes “No le importan las esperanzas o necesidades de los otros……..” Grupos con un estado de egoísmo en el cual sólo existe una “hipersensibilidad para los propios males”. Un egoísmo en el cual “Vive cada gremio herméticamente cerrado dentro de sí mismo…….Polarizado cada cual en sus tópicos gremiales…..Ideas, emociones, valores creados dentro de un circulo gremial…. (que) no trascienden lo más mínimo a las restantes ….” partes del cuerpo social….” difícil será imaginar, decía Ortega, un conglomerado humano que con estas características de egoísmo, sea una verdadera sociedad.

Y eso es lo que nos tiene reunidos aquí, la urgencia que la sociedad hondureña se proteja de estas tendencias egoístas. La imperiosa necesidad de nuestro país de sobreponerse a las fuerzas que quieren dividirnos, a los intereses que quieren separarnos. Es este un llamado a la cohesión social, a nuestra integración como nación en los propósitos comunes que sé que animan a la gran mayoría de los hondureños: vivir en paz, progresar como resultado de nuestro trabajo cotidiano, mantener nuestra libertad, libertad de disentir en libertad, libertad de escoger sin que nadie me imponga un punto de vista, un interés egoísta. Libertad para no ser rehén de una exigencia desmedida que secuestre nuestra voluntad como Nación con el ánimo de doblegarla, de someterla a los dictados de unos pocos.

Como Presidente de la República tengo la obligación de velar por el interés general.
Como Presidente de la República no puedo atender el interés de uno solo de los grupos si ello vulnera o pone en peligro el bienestar de la mayoría.

Muchos hondureños han sido sacrificados por estas decisiones políticas que ofrecían ganancias de corto plazo. Muchos hondureños han sido sacrificados porque no se ha querido enfrentar el problema en forma integral y profunda.

Yo debo defender también a los que no están en las calles.
A los que no tienen voz.
A las mayorías silenciosas.
A las niñas y niños sin clases y sin merienda escolar.

Como Presidente tengo la obligación de dialogar con todos los grupos, por antagónicos que estos sean.
Eso es lo que hemos hecho, dialogar, dialogar, dialogar. Con paciencia, con tolerancia, con infinita prudencia.
Sin embargo el dialogo no es un fin en si mismo. Es una herramienta para un fin. El fin es el entendimiento mutuo.

Anoche después de dos semanas de intentar una solución con los maestros, después de cuatro propuestas por parte del Gobierno, la Sociedad Civil y el Gobierno pensaron que era tiempo ya que los maestros regresaran a impartir clases a partir del día de hoy.
Los maestros se levantaron de la mesa del dialogo, aduciendo que necesitaban tres días para consultar con sus agremiados. Hoy en horas de la mañana en vez de regresar a clases regresaron a las calles.

El Gobierno esta cumpliendo con el Estatuto del Docente. Estamos además cumpliendo con las leyes aprobadas por el Congreso Nacional en Diciembre de 2003 que establecen reformas al Estatuto del Docente. Se trata de la Ley de Reordenamiento del Sistema Retributivo y de la Ley del Presupuesto. El Gobierno esta cumpliendo fielmente con el marco legal vigente.

Este marco legal establece una serie de medidas para detener la bola de nieve que amenazaba con llevar de encuentro a toda la sociedad hondureña debido al desmedido crecimiento de los salarios en el sector público.

En el 2002, de cada Lempira tributado 67 centavos eran gastados en sueldos y salarios. De haber continuado esta situación el efecto de la bola de nieve nos hubiera llevado de encuentro a todos los hondureños. En apenas nueve años, es decir para el 2009, la totalidad de los ingresos tributarios hubiesen sido para pagar la nomina de sueldos y salarios del Gobierno. Todos, absolutamente todos los impuesto pagados por los hondureños hubiesen ido a pagar únicamente salarios.

Si hubiésemos permitido que ello ocurriera, habríamos creado mayor pobreza, porque el gobierno hubiera perdido toda capacidad para adquirir medicinas, reparar escuelas, construir centros de salud. El Gobierno no tendría posibilidad de transferir fondos a las municipalidades ni de ayudar a miles de compatriotas con el subsidio para vivienda o de invertir en nuevos sistemas de riegos que ayuden a nuestros campesinos a producir más, a menos que se decretaran nuevos impuestos.

Eso es lo que ha pasado en los últimos años. Se elevó el impuesto sobre la venta del 7% al 12%. Este aumento se consumió totalmente en aumento de salarios.
Hoy la mitad del presupuesto de sueldos y salarios del Estado se destina a los maestros.

Compatriotas:

Ningún gobierno ha podido cumplir con las cargas que impone el Estatuto del Docente. Sólo en la administración pasada hubo más de 20 paros y uno de ellos duró más de 40 días.

Entiendo la situación de los maestros, de aquellos de primaria que sienten que no pueden vivir con sus sueldos de 5 a 6,000 lempiras y de aquellos de secundaria que sienten que no pueden vivir con sus sueldos de 10 a 12,000 lempiras mensuales.

Aunque entiendo su deseo de mayores ingresos, la sociedad no puede pagarles más en estos momentos.

No se trata de congelarles los sueldos como el Estado se vio obligado a hacer durante cuatro años a los empleados del Servicio Civil ya que los Estatutos consumían los recursos disponibles.
No se trata de congelarles, como a los médicos que han aceptado un congelamiento por dos años.

A los maestros no se les han congelado los sueldos, a pesar que en los últimos 7 años han tenido un aumento de 150% de la hora clase.
No se trata tampoco de quitarles el zonaje de 100% de su salario cuando trabajan en Islas de la Bahía o en la Mosquitia.

No se trata de quitarle los sobre sueldos que reciben por cargos administrativos. No se trata de quitarles el aumento automático de un 69% sobre su salario cuando reciben un grado académico, apear que siguen ejerciendo el mismo puesto y haciendo el mismo trabajo.
No se trata de cancelar el quinquenio a quienes ya lo recibe, como un aumento adicional a su salario.

Se trata de poner los frenos. De detener el crecimiento desmesurado del gasto en sueldos y salarios. Se trata de parar la bola de nieve que nos puede llevar a todos de encuentro. De allí que estas medida no tenga efecto retroactivo sino que hayamos propuesto que para los nuevos quinquenios y los nuevos grados académicos, se asigne una cantidad fija anual que NO se incorpore al salario para evitar el efecto acumulativo que es el que produce la bola de nieve.

Como Gobernante no quisiera tener a los maestros en la calle, no quisiera que los niños de Honduras perdieran por ello un tan solo día de clase.

Quisiera poder pagarles más pero responsablemente no puedo.
El pueblo hondureño no puede.

Yo sólo soy el administrador de los impuestos del Pueblo hondureño.
Yo tengo que evitar además que una conducta irresponsable lleve a crear nuevos impuestos.

La solución que encontremos tiene que ser sostenible e integral.
Tiene que ser sostenible porque debemos terminar de una vez por todas con esta práctica lamentable de perder valiosos días de la educación de nuestros niños.

Tiene que ser integral porque además de pagarles, los maestros ellos tambien ser responsables por la calidad de la educación. Fundamentalmente, los maestros deben de impartir 200 días de clase y no el promedio de 140 que dan ahora y que en el campo se reducen a 120.

Porque los maestros deben contribuir a reducir los índices de deserción escolar.

Porque los maestros deben ser responsables que un alto porcentaje de sus alumnos aprueben los exámenes nacionales o pruebas estandarizadas en materias básicas como matemáticas, ciencias sociales y español.

Hemos tratado de construir estos entendimientos en la mesa de las negociaciones.

Hoy los maestros están de nuevo en la calle y nuestros niños están sin clases y 800,000 de ellos sin recibir la merienda escolar.

Mañana y pasado mañana otros grupos han anunciado marchas y manifestaciones públicas.

Esperamos que sean pacificas y que respeten los derechos constitucionales de los demás ciudadanos a la libre circulación y al libre tránsito.

Esperamos que haya mesura, prudencia, cordura y que cada manifestante sea respetuoso de la ley y contribuya a mantener el orden público.

Sin embargo, la democracia arriesga mucho. La convivencia social está amenazada y no podemos ponerla en riesgo. El Gobierno no dudará en evitar este riesgo.

Ante la imposibilidad de ponernos de acuerdo sobre si el pueblo hondureño tiene o no capacidad de pagar más a los maestros con los actuales ingresos y egresos fiscales, creo que debemos encontrar formas civilizadas de zanjar esa controversia. Sin poner en peligro la vida de ningún hondureño, sin arriesgar nuestro proceso democrático, sin que tengamos que recurrir a nuevos impuestos.

Es así como esta noche, en aras de mantener la tranquilidad de todos los hondureños y la paz de la República sin recurrir al uso de la fuerza, sin pretender dirimir este asunto por la fuerza de las presiones, nuevamente extiendo mi mano a los gremios magisteriales y les invito a que decidamos esta cuestión en base al interés de la Patria y no atendiendo intereses particulares. Propongo a los colegios magisteriales frente a todos ustedes, muy honorables y distinguidos miembros representativos de los distintos sectores de la sociedad, someter a un arbitraje la capacidad financiera o la falta de ella, por parte de la hacienda pública para acceder a las demandas magisteriales de forma que no afecte la masa salarial y sea sostenible en el largo plazo. Todo ello sin recurrir a nuevos impuestos, endeudamiento o donaciones.

Mi propuesta es para que mañana mismo, las tres partes, Sociedad Civil, Magisterio y Gobierno, nombremos cada uno dos miembros que integren una comisión para determinar las reglas de este arbitraje.

La aceptación de este principio supone necesariamente que los maestros regresan a impartir clases para que nuestros niños no pierdan su año escolar y cientos de miles de ellos reciban de nuevo su merienda escolar.

Hagámoslo por Honduras.

Hagámoslo por vivir en un país democrático, en paz y en libertad.

Que Dios los bendiga a todos.

Buenas noches.


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