DISCURSO DE LA PRIMERA DAMA
AGUAS OCAÑA DE MADURO

 
16 de septiembre de 2005
 

Excelentísimo Señor
D. Ricardo Maduro
Presidente de la República

Excelentísima Señora
Dña. Silvia Correa Marín
Embajadora de Chile

Excelentísimo Señor
D. Juan Alberto Lara Bueso
Ministro de Relaciones Exteriores por Ley

Excelentísimos y Honorables
Jefes de Misiones Diplomáticas y
Organismos Internacionales

Señores Miembros del Gabinete de Gobierno

Honorables Miembros de la Misión Diplomática de la República de Chile

Señores Miembros de la Prensa

Invitados Especiales

Señoras y Señores

Deseo expresar mi reconocimiento al Ilustrado Gobierno de la República de Chile, particularmente al Excelentísimo Señor Don Ricardo Lagos, Presidente de la República, a su Ministra de Relaciones Exteriores, Doña Maria Soledad Alvear y a Doña Silvia Correa, Embajadora en Honduras, por el otorgamiento de esta distinción que mucho me honra a mi y a mi pueblo.

Recibir una condecoración no es solamente un gran honor, es también una obligación moral y en mi caso, la recibo con gran satisfacción, pero igualmente con gran humildad, ya que siento, debo compartirla con todo el pueblo hondureño, y especialmente con los que la hicieron posible con su dedicación y esfuerzos: mi equipo de trabajo, y sobre todos ellos con el Presidente de la República, mi esposo, quien confió con su apoyo y la mayor de las libertades, en mis sueños, mis deseos para los más necesitados: nuestros proyectos.

Chile es una nación de enorme raigambre en el continente Americano. Desde los años de su colonización el pueblo chileno mostró siempre ansias de libertad, actitud que han mantenido permanentemente, a pesar de los naturales avatares que registro su historia, pero que no han hecho más que confirmar la valentía de sus hijos.

Que mejores maestros de la palabra libertad que el pueblo chileno:

Los derechos individuales se originaron para darles libertad a los hombres honestos, y estos no puede ser libres mientras existan a su alrededor quienes sean esclavos de sus propios terrores.

Siendo una gran convencida de los ideales de la democracia, ésta distinción me enorgullece profundamente porque viene de un país que practica la democracia, que entiende que el respeto a los derechos humanos debe ser una norma de aplicación permanente.

Aun cuando son pocos los años que me ha tocado vivir en Honduras, conozco muy bien la profunda vinculación que existe entre ambas naciones, ya que parte de la educación en nuestra Patria se vincula con aquellos maestros chilenos que llegaron en el siglo pasado y de tantos hondureños que fueron a Chile, a nutrir sus conocimientos en los más prestigiosos centro de enseñanza.

Recuerdo que cuando el Presidente Lagos y su distinguida esposa estuvieron en Honduras, dejaron una maravillosa estela de admiración, porque nuestro pueblo pudo ver de cerca a ese gran estadista que merece el respeto y admiración de todas las naciones del mundo, particularmente por su gran oratoria y el enorme contenido de su pensamiento.

Permítanme, ahora, que les hable de mi cariño por Honduras y mi andadura por estos casi tres años junto a nuestro Presidente.

El amor es normalmente el pilar de la vida de una mujer, pero es solo un capítulo de la de un hombre.

Así, casi siempre, somos nosotras, las que, con mayor o menor capacidad de adaptación, abandonamos lo que hemos logrado profesionalmente, y volvemos a construir nuestro entorno, nos acoplamos, incluso las más independientes, entre las que me incluyo.

En esta adaptación, las afortunadas, como yo, tenemos la dicha de descubrir nuestra auténtica vocación, y más allá, una misión, un privilegio: el dedicarme a ayudar a los más necesitados.

Pero…, déjenme volver atrás y siga hablándoles de exigencias, porque además, muchas, nos exigimos a nosotras mismas, desarrollo personal, que es un compromiso mucho más alto que el sacrificio personal:

Hace años llegue a la conclusión de que lo que más juega en contra de la evolución femenina, es el auto-sacrificio.

Y entre tanto sacrificio: una esperanza:

Para hacernos sentir inferiores necesitan, primero, nuestro consentimiento.

Me siento dichosa:

He podido mirar a Honduras y al mundo directamente a los ojos. Nunca tuve que bajar la cabeza, gracias a Dios.

Y gracias también a mi esposo quien me permitió cometer mis propias equivocaciones, sin presiones ni reproches, realmente me permitió crecer por mi misma, y soy consciente de que esto es un privilegio con el que no cuentan muchas mujeres que han pasado por mi situación.

Mi esposo brilla con intensidad,… esto era un handicap porque todos podemos deslumbrarnos junto a un brillo intenso:

Es mas fácil vivir a través de otra persona que llegar a ser por completo una misma, sobre todo con esa luz cercana tan cegadora.

Por otra parte:

No es sencillo hallar la felicidad en nosotras mismas, y es imposible encontrarla en otra parte.

Pero, quizá conté con la mejor de las ventajas: me enamore de mi trabajo, lo disfrute y disfruto profundamente, y pongo, en el, todo mi corazón.
Gran parte de lo que llamamos suerte es, para mí el resultado del trabajo intenso y saber cuando aceptar una oportunidad y cuando darla.

He intentado en este tiempo, limar al máximo mis aristas, aprendiendo, además a conjugar dos culturas, tan cercanas y diferentes a un tiempo, como la española y la hondureña.

Aprendí, también, que, en algunos casos, una relación se construye mejor, con silencios oportunos que con confidencias francas, pero, normalmente, mi táctica fue, en medio de la política, del poder, de los afectos encontrados:

Observarle, aprender de el, quererle como le percibía, mi táctica fue hablarle y escucharle, construir con palabras un puente indestructible; mi táctica fue, ser franca y obtener su franqueza, mi estrategia, en cambio, fue más profunda y más simple, mi estrategia fue que un día, cualquiera, no se con que pretexto, descubriera lo mucho que me necesitaba.

La mayoría de los políticos dicen lo que los ciudadanos quieren oír, sin responsabilidad (en el más amplio sentido de la palabra).

Mi esposo, mejor que nadie sabes lo que me disgustan las injusticias.

Como Presidente te doy, si de algo sirve, y aprovechando esta oportunidad de tribuna abierta, mi voto de confianza. Y no dudo, que la Historia te hará justicia.

He vivido día a día como sacrificabas tu aceptación popular, tus apoyos, tu capacidad de gobierno, por lo que creías mejor para el futuro de Honduras.

Muchas veces pienso que deberías hablarle al pueblo con el raciocinio y nobleza con que lo haces conmigo cuando me explicas tus argumentos, tus miedos, tus ilusiones y tus decisiones.

Admiro tu prudencia, pero quizá, en mi brota El Quijote Cervantino, que acompaña a cada español, y deseo defenderte.

Releyendo un detallado comentario de los errores de Bolívar y de Manuela Sáenz, ¡Que diametralmente opuesto te veo a el, nadie he conocido tan de cerca con menos afán de notoriedad y más humildad, con más capacidad de trabajo y paciencia (solo yo consigo romper tus nervios).

Mi Bolívar del siglo XXI tiene una guerra con enemigos dentro y sin la sombra de un enemigo externo que, al menos en eso, para bien, uniera nuestra nación.

Nuestro pueblo paga su pobreza, con dolor, con vidas. Pero esas muertes, de no nacidos, de nacidos no deseados, sin nombre y con hambre…, de otros sin derecho a salud ni educación, que hayan un fin pronto o se resisten famélicos en su pobre estructura… Esos, no escriben nuestra historia, no aparecen ni como números en las frías estadísticas.

No podemos quedarnos inmóviles, no podemos mordernos los labios, ni cerrar nuestros ojos, debemos implicarnos y ser la inspiración para representar la esperanza, para ese,… nuestro prójimo inocente, de la también nuestra bella Honduras.

La esperanza, del cambio rápido de esa realidad que no nos gusta la veo reflejada en una de mis primeras acciones como primera dama:

Se acuerdan de cuando comencé a recoger los niños de la calle? …las burlas, los comentarios desalentadores (como que era imposible, que se necesitaban generaciones para que se diera esa evolución…) o los que transmitían tolerancia compasiva ante un esfuerzo que conlleva peligros,… eso no alentaban mi esperanza.

Pero lo logramos y hoy tenemos la mejor situación de nuestro entorno, en cuanto a esta problemática, incluso se despertó el temor de sus explotadores, y lo más importante, se despertaron muchas conciencias dormidas.

Les quiero recordar ahora unas bellas palabras que escuche hace tiempo:

Todo es posible hasta que se pruebe que es imposible, y aún entonces…, lo imposible puede serlo solo por el momento.

Necesitamos la esperanza: jamás un pesimista navego hasta una tierra inexplorada o abrió un nuevo horizonte al espíritu humano.

El miedo, a veces nos puede hacer dudar, pero si no arriesgamos nada, ciertamente, arriesgamos aun más.

He ganado fortaleza, coraje y confianza en cada experiencia en la cual he debido detenerme y mirar el rostro del miedo, de la necesidad extrema, del dolor en los niños, ese dolor que no puedo evitar.

He querido, más que nunca, multiplicar mi amor, mi fortaleza y el ingenio que me pudiera granjear afectos para la causa más bella que puede existir: salvar vidas, sanar, erradicar el hambre y el sufrimiento, liberar los obstáculos a la educación, a la justicia y a la responsabilidad paterna y materna, luchar contra la violencia e intentar, por supuesto, predicar con ejemplo y coherencia.

Intente adaptarme y más me doblegue por servir a los pobres, que por voluntad y convicción propias.

Hube de moldear mi pragmatismo con dosis de paciencia aprendiendo: El arte de lo posible.

Fui más conciente que nunca de las limitaciones del tiempo, de los recursos, e incluso de mis esfuerzos.

Sufrí la ansiedad de desear estar en más de un lugar a un tiempo, y hasta llegue a olvidarme de mi misma.

Me pregunto donde he estado yo en estos casi tres años, y la respuesta es… que he estado con los más pobres, con los que más sufren.

Y ahora un nuevo agravante: las consecuencia del Huracán Katrina, han sido y serán para nosotros peores que las del Mitch, pero a diferencia de este, en que fuimos víctima reconocida y casi exclusiva siendo sujeto de múltiples apoyos financieros y solidaridad nacional e internacional inmediata, éste último desastre natural, aun desarrollándose fuera de nuestras fronteras, nos coloca entre los más afectados, de entre una larga lista, y… curiosamente: nadie tiene compasión para los que ya agonizan.

He conocido en estos casi tres años el vínculo hermoso, sencillo, fiel, inquebrantable y hasta sagrado, diría yo, con mis hijos y que me acompañarán hasta el fin de mi vida.

He llegado a pensar donde estuve ese:

23 de diciembre del 98, ese
26 de junio del 2000, y ese
3 de septiembre del 2001, en que nacieron,

¿Como no fui a buscarlos, como no supe que sufrían, como no vislumbré que me necesitaban.

Por que no tuvimos el privilegio de ser uno por varios meses, y no es por necesidad de procrear, o un sentido demasiado purista de la maternidad:
Solo con el único y sano deseo de evitarles todo el dolor y las carencias con que comenzaron sus vidas.

Por dos años y medio he ido descubriendo día a día como nos necesitamos y lo mucho que nos amamos. Y he rescatado miles de detalles, gestos, expresiones, costumbres, cuentos y canciones, que como arte de magia fluían en mí, y eran réplicas de mis propios progenitores.

No se en que escondido lugar de mi memoria estaban, que no sabía.

Comprobé que los hijos, como los libros, son viajes al interior de una misma, en los cuales el cuerpo, la mente y el alma cambian de dirección, se vuelven hacia el centro mismo de la existencia.

Como pueden comprobar he tenido mis más bellas experiencias en Honduras: pero hay una de las que aun no les he hablado:

El cariño de un pueblo que me adopto, como yo adopte a mis hijos; el afecto de los más humildes, que me enorgullece sobre todas las cosas.

Intente hacer para ellos mi labor lo mejor posible, como dice mi padre, esto siempre te coloca en el mejor lugar para dar el paso siguiente.

Lo que deseo para Honduras, mis aspiraciones para este mi pueblo, tal vez, no seamos capaces de alcanzarlas, o tal vez no pueda verlas, consolidarlas, personalmente, pero esta visión me sirve de inspiración y estímulo.

Podemos sentirnos desilusionados o fracasados, pero seríamos muy cobardes si no lo intentamos. Dios nos juzgara por nuestros frutos, no por nuestras raíces.

En estos años soportamos la lluvia con frecuencia, pero un día pudimos ver el arco iris, con logros importantes y un especial reconocimiento como el que hoy nos reúne…

Todo cuanto he hecho ha sido por propia convicción, porque creo que me debo a mis semejantes y jamás espere distinciones por ello, sin embargo, este honor que hoy recibo es un estímulo que me motiva a continuar con mi labor mucho más allá del mandato de mi esposo como Presidente de la República.

Al reiterar mi agradecimiento profundo, reitero mi admiración por Chile, augurándoles siempre lo mejor para su noble pueblo y para sus distinguidos gobernantes.

Muchísimas gracias


 

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