| Excelentísimo
Señor
D. Ricardo Maduro
Presidente de la República
Excelentísima
Señora
Dña. Silvia Correa Marín
Embajadora de Chile
Excelentísimo
Señor
D. Juan Alberto Lara Bueso
Ministro de Relaciones Exteriores por Ley
Excelentísimos
y Honorables
Jefes de Misiones Diplomáticas y
Organismos Internacionales
Señores
Miembros del Gabinete de Gobierno
Honorables Miembros
de la Misión Diplomática de la República de Chile
Señores
Miembros de la Prensa
Invitados Especiales
Señoras
y Señores
Deseo expresar mi
reconocimiento al Ilustrado Gobierno de la República de Chile,
particularmente al Excelentísimo Señor Don Ricardo Lagos,
Presidente de la República, a su Ministra de Relaciones Exteriores,
Doña Maria Soledad Alvear y a Doña Silvia Correa, Embajadora
en Honduras, por el otorgamiento de esta distinción que mucho me
honra a mi y a mi pueblo.
Recibir una condecoración no es solamente un gran honor, es también
una obligación moral y en mi caso, la recibo con gran satisfacción,
pero igualmente con gran humildad, ya que siento, debo compartirla con
todo el pueblo hondureño, y especialmente con los que la hicieron
posible con su dedicación y esfuerzos: mi equipo de trabajo, y
sobre todos ellos con el Presidente de la República, mi esposo,
quien confió con su apoyo y la mayor de las libertades, en mis
sueños, mis deseos para los más necesitados: nuestros proyectos.
Chile es una nación de enorme raigambre en el continente Americano.
Desde los años de su colonización el pueblo chileno mostró
siempre ansias de libertad, actitud que han mantenido permanentemente,
a pesar de los naturales avatares que registro su historia, pero que no
han hecho más que confirmar la valentía de sus hijos.
Que mejores maestros de la palabra libertad que el pueblo chileno:
Los derechos individuales se originaron para darles libertad a los hombres
honestos, y estos no puede ser libres mientras existan a su alrededor
quienes sean esclavos de sus propios terrores.
Siendo una gran convencida de los ideales de la democracia, ésta
distinción me enorgullece profundamente porque viene de un país
que practica la democracia, que entiende que el respeto a los derechos
humanos debe ser una norma de aplicación permanente.
Aun cuando son pocos los años que me ha tocado vivir en Honduras,
conozco muy bien la profunda vinculación que existe entre ambas
naciones, ya que parte de la educación en nuestra Patria se vincula
con aquellos maestros chilenos que llegaron en el siglo pasado y de tantos
hondureños que fueron a Chile, a nutrir sus conocimientos en los
más prestigiosos centro de enseñanza.
Recuerdo que cuando el Presidente Lagos y su distinguida esposa estuvieron
en Honduras, dejaron una maravillosa estela de admiración, porque
nuestro pueblo pudo ver de cerca a ese gran estadista que merece el respeto
y admiración de todas las naciones del mundo, particularmente por
su gran oratoria y el enorme contenido de su pensamiento.
Permítanme, ahora, que les hable de mi cariño por Honduras
y mi andadura por estos casi tres años junto a nuestro Presidente.
El amor es normalmente el pilar de la vida de una mujer, pero es solo
un capítulo de la de un hombre.
Así, casi siempre, somos nosotras, las que, con mayor o menor capacidad
de adaptación, abandonamos lo que hemos logrado profesionalmente,
y volvemos a construir nuestro entorno, nos acoplamos, incluso las más
independientes, entre las que me incluyo.
En esta adaptación, las afortunadas, como yo, tenemos la dicha
de descubrir nuestra auténtica vocación, y más allá,
una misión, un privilegio: el dedicarme a ayudar a los más
necesitados.
Pero…, déjenme volver atrás y siga hablándoles
de exigencias, porque además, muchas, nos exigimos a nosotras mismas,
desarrollo personal, que es un compromiso mucho más alto que el
sacrificio personal:
Hace años llegue a la conclusión de que lo que más
juega en contra de la evolución femenina, es el auto-sacrificio.
Y entre tanto sacrificio: una esperanza:
Para hacernos sentir inferiores necesitan, primero, nuestro consentimiento.
Me siento dichosa:
He podido mirar a Honduras y al mundo directamente a los ojos. Nunca tuve
que bajar la cabeza, gracias a Dios.
Y gracias también a mi esposo quien me permitió cometer
mis propias equivocaciones, sin presiones ni reproches, realmente me permitió
crecer por mi misma, y soy consciente de que esto es un privilegio con
el que no cuentan muchas mujeres que han pasado por mi situación.
Mi esposo brilla con intensidad,… esto era un handicap porque todos
podemos deslumbrarnos junto a un brillo intenso:
Es mas fácil vivir a través de otra persona que llegar a
ser por completo una misma, sobre todo con esa luz cercana tan cegadora.
Por otra parte:
No es sencillo hallar la felicidad en nosotras mismas, y es imposible
encontrarla en otra parte.
Pero, quizá conté con la mejor de las ventajas: me enamore
de mi trabajo, lo disfrute y disfruto profundamente, y pongo, en el, todo
mi corazón.
Gran parte de lo que llamamos suerte es, para mí el resultado del
trabajo intenso y saber cuando aceptar una oportunidad y cuando darla.
He intentado en este tiempo, limar al máximo mis aristas, aprendiendo,
además a conjugar dos culturas, tan cercanas y diferentes a un
tiempo, como la española y la hondureña.
Aprendí, también, que, en algunos casos, una relación
se construye mejor, con silencios oportunos que con confidencias francas,
pero, normalmente, mi táctica fue, en medio de la política,
del poder, de los afectos encontrados:
Observarle, aprender de el, quererle como le percibía, mi táctica
fue hablarle y escucharle, construir con palabras un puente indestructible;
mi táctica fue, ser franca y obtener su franqueza, mi estrategia,
en cambio, fue más profunda y más simple, mi estrategia
fue que un día, cualquiera, no se con que pretexto, descubriera
lo mucho que me necesitaba.
La mayoría de los políticos dicen lo que los ciudadanos
quieren oír, sin responsabilidad (en el más amplio sentido
de la palabra).
Mi esposo, mejor que nadie sabes lo que me disgustan las injusticias.
Como Presidente te doy, si de algo sirve, y aprovechando esta oportunidad
de tribuna abierta, mi voto de confianza. Y no dudo, que la Historia te
hará justicia.
He vivido día a día como sacrificabas tu aceptación
popular, tus apoyos, tu capacidad de gobierno, por lo que creías
mejor para el futuro de Honduras.
Muchas veces pienso que deberías hablarle al pueblo con el raciocinio
y nobleza con que lo haces conmigo cuando me explicas tus argumentos,
tus miedos, tus ilusiones y tus decisiones.
Admiro tu prudencia, pero quizá, en mi brota El Quijote Cervantino,
que acompaña a cada español, y deseo defenderte.
Releyendo un detallado comentario de los errores de Bolívar y de
Manuela Sáenz, ¡Que diametralmente opuesto te veo a el, nadie
he conocido tan de cerca con menos afán de notoriedad y más
humildad, con más capacidad de trabajo y paciencia (solo yo consigo
romper tus nervios).
Mi Bolívar del siglo XXI tiene una guerra con enemigos dentro y
sin la sombra de un enemigo externo que, al menos en eso, para bien, uniera
nuestra nación.
Nuestro pueblo paga su pobreza, con dolor, con vidas. Pero esas muertes,
de no nacidos, de nacidos no deseados, sin nombre y con hambre…,
de otros sin derecho a salud ni educación, que hayan un fin pronto
o se resisten famélicos en su pobre estructura… Esos, no
escriben nuestra historia, no aparecen ni como números en las frías
estadísticas.
No podemos quedarnos inmóviles, no podemos mordernos los labios,
ni cerrar nuestros ojos, debemos implicarnos y ser la inspiración
para representar la esperanza, para ese,… nuestro prójimo
inocente, de la también nuestra bella Honduras.
La esperanza, del cambio rápido de esa realidad que no nos gusta
la veo reflejada en una de mis primeras acciones como primera dama:
Se acuerdan de cuando comencé a recoger los niños de la
calle? …las burlas, los comentarios desalentadores (como que era
imposible, que se necesitaban generaciones para que se diera esa evolución…)
o los que transmitían tolerancia compasiva ante un esfuerzo que
conlleva peligros,… eso no alentaban mi esperanza.
Pero lo logramos y hoy tenemos la mejor situación de nuestro entorno,
en cuanto a esta problemática, incluso se despertó el temor
de sus explotadores, y lo más importante, se despertaron muchas
conciencias dormidas.
Les quiero recordar ahora unas bellas palabras que escuche hace tiempo:
Todo es posible hasta que se pruebe que es imposible, y aún entonces…,
lo imposible puede serlo solo por el momento.
Necesitamos la esperanza: jamás un pesimista navego hasta una tierra
inexplorada o abrió un nuevo horizonte al espíritu humano.
El miedo, a veces nos puede hacer dudar, pero si no arriesgamos nada,
ciertamente, arriesgamos aun más.
He ganado fortaleza, coraje y confianza en cada experiencia en la cual
he debido detenerme y mirar el rostro del miedo, de la necesidad extrema,
del dolor en los niños, ese dolor que no puedo evitar.
He querido, más que nunca, multiplicar mi amor, mi fortaleza y
el ingenio que me pudiera granjear afectos para la causa más bella
que puede existir: salvar vidas, sanar, erradicar el hambre y el sufrimiento,
liberar los obstáculos a la educación, a la justicia y a
la responsabilidad paterna y materna, luchar contra la violencia e intentar,
por supuesto, predicar con ejemplo y coherencia.
Intente adaptarme y más me doblegue por servir a los pobres, que
por voluntad y convicción propias.
Hube de moldear mi pragmatismo con dosis de paciencia aprendiendo: El
arte de lo posible.
Fui más conciente que nunca de las limitaciones del tiempo, de
los recursos, e incluso de mis esfuerzos.
Sufrí la ansiedad de desear estar en más de un lugar a un
tiempo, y hasta llegue a olvidarme de mi misma.
Me pregunto donde he estado yo en estos casi tres años, y la respuesta
es… que he estado con los más pobres, con los que más
sufren.
Y ahora un nuevo agravante: las consecuencia del Huracán Katrina,
han sido y serán para nosotros peores que las del Mitch, pero a
diferencia de este, en que fuimos víctima reconocida y casi exclusiva
siendo sujeto de múltiples apoyos financieros y solidaridad nacional
e internacional inmediata, éste último desastre natural,
aun desarrollándose fuera de nuestras fronteras, nos coloca entre
los más afectados, de entre una larga lista, y… curiosamente:
nadie tiene compasión para los que ya agonizan.
He conocido en estos casi tres años el vínculo hermoso,
sencillo, fiel, inquebrantable y hasta sagrado, diría yo, con mis
hijos y que me acompañarán hasta el fin de mi vida.
He llegado a pensar donde estuve ese:
23 de diciembre del 98, ese
26 de junio del 2000, y ese
3 de septiembre del 2001, en que nacieron,
¿Como no fui a buscarlos, como no supe que sufrían, como
no vislumbré que me necesitaban.
Por que no tuvimos el privilegio de ser uno por varios meses, y no es
por necesidad de procrear, o un sentido demasiado purista de la maternidad:
Solo con el único y sano deseo de evitarles todo el dolor y las
carencias con que comenzaron sus vidas.
Por dos años y medio he ido descubriendo día a día
como nos necesitamos y lo mucho que nos amamos. Y he rescatado miles de
detalles, gestos, expresiones, costumbres, cuentos y canciones, que como
arte de magia fluían en mí, y eran réplicas de mis
propios progenitores.
No se en que escondido lugar de mi memoria estaban, que no sabía.
Comprobé que los hijos, como los libros, son viajes al interior
de una misma, en los cuales el cuerpo, la mente y el alma cambian de dirección,
se vuelven hacia el centro mismo de la existencia.
Como pueden comprobar he tenido mis más bellas experiencias en
Honduras: pero hay una de las que aun no les he hablado:
El cariño de un pueblo que me adopto, como yo adopte a mis hijos;
el afecto de los más humildes, que me enorgullece sobre todas las
cosas.
Intente hacer para ellos mi labor lo mejor posible, como dice mi padre,
esto siempre te coloca en el mejor lugar para dar el paso siguiente.
Lo que deseo para Honduras, mis aspiraciones para este mi pueblo, tal
vez, no seamos capaces de alcanzarlas, o tal vez no pueda verlas, consolidarlas,
personalmente, pero esta visión me sirve de inspiración
y estímulo.
Podemos sentirnos desilusionados o fracasados, pero seríamos muy
cobardes si no lo intentamos. Dios nos juzgara por nuestros frutos, no
por nuestras raíces.
En estos años soportamos la lluvia con frecuencia, pero un día
pudimos ver el arco iris, con logros importantes y un especial reconocimiento
como el que hoy nos reúne…
Todo cuanto he hecho ha sido por propia convicción, porque creo
que me debo a mis semejantes y jamás espere distinciones por ello,
sin embargo, este honor que hoy recibo es un estímulo que me motiva
a continuar con mi labor mucho más allá del mandato de mi
esposo como Presidente de la República.
Al reiterar mi agradecimiento profundo, reitero mi admiración por
Chile, augurándoles siempre lo mejor para su noble pueblo y para
sus distinguidos gobernantes.
Muchísimas gracias
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